Carta del Prepòsito General

Carta del Prepòsito General

Carta del Prepòsito General de los Clérigos Regulares Teatinos,

anunciando  la pròxima  inauguraciòn del

AÑO SANTO AVELINIANO (2007-10 Noviembre-2008) 

en el IV Centenario del trànsito de San Andrés Avelino

de Nàpoles a la Casa del Padre el 10 de noviembre de 1608
 
 
 
 
 

 

El Prepósito General de los Clérigos Regulares Teatinos

a sus hermanos y hermanas en Cristo y la purisima Virgen Maria Madre de Dios:

 

Su Eminencia el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado;

Su Eminencia el Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos;

Su Eminencia el Cardenal Franc Rodé, Prefecto de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica;

Su Eminencia el Cardenal Crescenzio Sepe, Arzobispo Metropolitano de Nápoles;

Su Reverencia Monseñor Francescantonio Nolé, Obispo de Tursi­-Lagonegro.

Sus Reverencias los Obispos de las Diócesis en las que está presente la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos;

los Superiores y Superioras de los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica en la Iglesia;

la Muy Reverenda Superiora General de las Religiosas Teatinas de la Inmaculada Concepción;

los Muy Rdos. Padres del Consejo General, Prepósitos provinciales y locales de los Clérigos Regulares Teatinos y Religiosas Teatinas de la Inmaculada;

las Casas y Comunidades de Teatinos y Teatinas;

la Familia Seglar Teatina;

todos nuestros familiares, amigos y bienhechores, clérigos y laicos;

y todos los devotos de San Andrés Avelino:

 

QUAERITE PRIMUM REGNUM DEI

 

Muy queridos todos en Jesucristo nuestro Señor y su Madre, la purísima Virgen María.

 

Me cabe el honor y el gozo de anunciarles el Año Jubilar San Andrés Avelino, 2007, l0 de noviembre, 2008. Los actos celebrativos darán comienzo, Dios mediante, el día 10 del próximo mes de noviembre, para concluir el mismo día y mes del año 2008, fecha en la que se cumplirán los 400 años del tránsito al Cielo de aquel gran presbítero teatino.

 

Se trata de un tiempo de “gracia", de "indulgencia", de "peregrinación" y de "jubileo". Realidades muy hermosas que se llevan perfectamente bien entre sí y hablan de abrir los ojos, despabilarse, ponerse en pie y echarse a caminar. Un Año Santo es año de júbilo y agradecimiento por las maravillas que hace el buen Dios con unos y otros.

 

Año de loas y cánticos

El 2007-2008 ojalá sea para todos un año de loas y cánticos. Como familia religiosa debemos proclamar: ''El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.”  Hemos de entonar salmos de alabanza y repartir alegría. Esta alegría que nos viene de nuestra vecindad con Dios, Padre providente, Hijo que nos purifica de todo pecado y Espíritu que es amor. Dios nos invita a celebrar, cada día, el abrazo fraterno y el entusiasmo en corro de todo el santo personal de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Y dentro de ella, invita a todas las Casas y Comunidades de nuestra Orden, a todos los amigos, bienhechores y familiares nuestros.

 

Un tiempo de júbilo

El año entrante se pone delante de todos como un "tiempo de júbilo". El dia l0 de noviembre del 2008 se cumple el 400 aniversario del dies natalis de San Andrés Avelino, uno de nuestros preclaros antepasados. Aquel día de 1608, siendo todavía de madrugada, con el cuerpo doblado por las fatigas y los años y las pocas fuerzas, que apenas ya si le sostenían, mientras iniciaba la celebración de la santa Misa, le sorprendió al buen Padre Avelino la muerte. ¿Le sorprendió? Dígase más bien que no. A los santos, la muerte no se les presenta de sorpresa. Están siempre preparados. La esperan con el corazón temblando de alborozo. La muerte da la verdadera talla del ser humano. Cada quien muere de su propia vida. A la hora última se recoge la cosecha de cuanto se ha ido sembrando en la vida con generosidad y desvelo. La muerte no se improvisa ni se dispone uno a ella deprisa y corriendo. Lleva su tiempo, su ritmo ritual.

 

Como la celebración de la Eucaristía: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Subiré hasta el altar de Dios, el Dios que alegra mi juventud…” La muerte es una celebración. La mirada, por fin, se llena de luces intensísimas y el corazón canta jubilosamente y da gracias y bendice al Señor, porque todo está consumado. Ite, missa est!  Las cosas, todas, están ya en su sitio, y el cielo, por fin, se toca casi con la mano.

 

Para el Padre Andrés Avelino morir fue como rubricar en el cielo, con toda la solemnidad, la última página del libro de su vida en la tierra. ¡Cuántas cartas espirituales y tratados de devoción escritos por él! Pero el más admirable de todos fue el de su santa muerte "eucarística".

 

No podía el pobre anciano ya con su cuerpo. Se le caía a trozos la vida. Tenían todos razón: el Prepósito, el hermano sacristán y la Comunidad entera.  No estaba para celebrar la Misa el Padre Andrés. Y él venga a insistir que sí pues no hubo ningún día de su vida que no se muriera de ganas de celebrar. Siempre fue su deseo insaciable. El que se pasó la existencia entera renunciando a todo, que no buscó más acomodo ni otra delicia que los del Señor Crucificado, ¿cómo iba a quedarse sin subir Monte Calvario arriba que, al cabo y al fin, es lo que significa y realiza la misa?

 

Introibo ad altare Dei. Todos los lienzos y estampas de devoción nos presentan al Santo cayéndose de bruces delante del altar en su Misa postrera. ¡Qué muerte tan cristiana y presbiteral! ¡Ya quisiera uno para si una muerte como la del santo teatino!, ha dicho más o menos el Papa Benedicto XVI, recientemente, a Mons. Francisco Nolé, obispo de Tursi-Lagonegro, la diócesis donde se ubica Castronuovo, el pueblo natal de San Andrés Avelino.

 

Se nos murió de misa. Lo había ido aprendiendo a hacer muy bien, a lo largo de toda su vida de consagración religiosa, de su Maestro de novicios y Superior el Padre Juan Marinoni. Y éste, antes, lo había aprendido del fundador, el P. Cayetano de Thiene. ¡Qué comunidad eucarística aquella de San Paolo el Mayor de Via dei Tribunali en Nápoles! Se respiraba santidad y aire de Providencia. La Casa era un hogar fraterno poblado de afectos muy misericordiosos y transparentes. La Virgen, Santa María de la Pureza, velaba por todos y cada uno de los teatinos, clérigos y no.

 

Han pasado cuatro siglos de todo esto. Todavía, a Dios gracias, continuamos los Teatinos estando presentes en la Iglesia y el mundo: Italia, España, Estados Unidos de América, Estados Unidos Mexicanos, Colombia, Brasil y Argentina. En todas partes recordamos el ejemplo luminoso de vida religiosa y presbiteral de San Andrés Avelino.

 

Año para peregrinar

El 2007-2008 será un año para "peregrinar" hasta aquella Casa solariega de San Paolo el Mayor de Nápoles, en donde se conservan los restos del Santo. Hay cosas y casos en la historia de las familias que permanecen vivas siempre, aunque el tiempo pase. Y, de tanto en tanto, se vuelven a ellas el corazón y la memoria, porque los hechos y las palabras transcurridas allá están aún entrañablemente vivos, y nos ayudan constantemente a perseverar y fortalecer la fidelidad.

 

Es el caso de los santos. Estos aúnan y emparentan mucho, y son muy orientadores, y nos ayudan a ver de dónde venimos y hacia dónde el Espíritu del Padre y del Hijo quiere llevarnos. ¡Qué gran necesidad tenemos de la intercesión de los santos! Sea, pues, por eso, bienvenido el Año Santo San Andrés Avelino, a celebrar por todo lo alto en la Iglesia y el mundo.

 

San Andrés Avelino es un santo que sigue siendo muy actual. Podemos ayudar mucho a nuestros hermanos y hermanas de hoy "presentándoselo". Él se encargará después de que sus relaciones se vayan afianzando, pues los santos son muy precavidos y poseen gran capacidad para proveer la esperanza y el gozo que provoca el Evangelio.

 

Religiosos y presbíteros teatinos en una encrucijada de la historia

Como religiosos y sacerdotes teatinos, aprovechemos el Año Santo Aveliniano para reafirmar nuestra identidad y la misión querida para nosotros por el Espíritu en la Santa Comunión de la Iglesia, y convoquemos, al mismo tiempo, a "júbilo" - gracia, comunión - a cuantos pasan por ahí; a aquellos que, extraviados, preguntan y no por las señas agrietadas de la felicidad; a quienes, mira que te mira, permanecen entretenidos observando las inservibles mercaderías provisorias - que para qué y de qué - en los puestos de las plazas de los pueblos ...

 

Cantidad de enseñanzas muy hermosas que ofrecer

Es año, éste, de mucha fiesta e incalculable oportunidad providente. Tiene San Andrés Avelino cantidad de enseñanzas muy hermosas que ofrecernos: Que la fe es Dios mismo, introduciéndose en el centro del corazón del hombre como una inmensa luz definitiva. Que todo, menos este Resplandor, es provisorio. Y que, para tantos enseres o nimiedades, que impiden al corazón subir cielo arriba, ¿qué sentido tiene ir por la vida en plan altanero a la busca de prebendas y dignidades y mantenerse afanado en el cuidado del cuerpo, que es sólo un "burrito" cada día más caprichoso que, como no se le tenga a raya teatinamente, se desmanda por patios y huertos de la casa religiosa, lo que no es propio, y va contra la vocación, como debe saberse?

 

Peregrinar a la tumba de San Andrés Avelino

Peregrinemos a San Andrés Avelino durante rodo el Año Santo Teatino 2007-2008. Sea nuestra basílica de San Pablo el Mayor de Nápoles "lugar santo" especial. Su Santidad Benedicto XVI, a través de Su Eminencia Reverendísima el Cardenal James Francis Stafforo, Prefecto de la Penitenciaria Apostólica, ha concedido las indulgencias propias de ocasiones de tanta significación y relevancia para la Iglesia, Cuerpo de Cristo.

 

¡Ni qué decir tiene! Un Año Santo es tiempo de conversión, de indulgencia y de camino. Año de regresar a verificar la partida de nacimiento espiritual y constatar el lugar al que guía el Espíritu de Dios cada mañana. ¡Nos va a ayudar mucho San Andrés Avelino!

 

Ninguna Provincia, ninguna Casa, ninguna Comunidad puesta bajo nuestro cuidado pastoral debe quedarse sin peregrinar al sepulcro de San Andrés Avelino durante este año de gracia.

 

Indulgencia plenaria para los que acudan a venerar a San Andrés Avelino en su sepulcro

¡Cuánto temblor de la memoria teatina en la casa de Nápoles! En ella se conservan los restos sacratísimos de los más sobresalientes que nos han precedido: San Cayetano, el Beato Juan Marinoni, el Beato Pablo Burali D'Arezzo y San Andrés Avelino. Nada resulta indiferente en esta casa. Una ventana que se asoma al patio, un corredor, una terraza, una celda, cualquier enclave de la basílica ... hacen, todavía hoy, al peregrino que va con el corazón en las manos, sentir el crepitar inicial del Carisma teatino y el latido emocionante de la historia y tanta esperanza, y tanto porvenir, si abrimos de par en par al alma al Espíritu.

 

Los restos del Santo se veneran en una preciosa Urna, justamente en la capilla donde, como una oleada arrebatada de amor, le sobrevino la muerte, la luminosa muerte, la muerte habitada toda y definitivamente de Cristo resucitado y resucitador. Introibo ad altare Dei.

 

Más indulgencia y perdón para los devotos de San Andrés Avelino

Procuremos ayudarnos unos a otros a crecer en la veneración e imi­tación del Santo teatino en este año 2007-2008. Está de por medio el don de la indulgencia parcial que S.S. Benedicto XVI concede a quienes, con el corazón contrito, dediquen un congruo espacio de tiempo a leer atentamente algún texto espiritual, escrito por San Andrés Avelino. O que reciten piadosamente la Coronilla de los 12 privilegios de la Inmaculada Concepci6n, compuesta por San Andrés Avelino. O reciten piadosamente la Oración que cada cristiano debería decir cada día, escrita por San Andrés Avelino. O visiten una iglesia u oratorio, capilla o altar, intitulado a San Andrés Avelino y allí reciten devotamente el Responsorio con la antífona y oraciones anexas en honor del Santo. O también si dedican una congrua parte de su tiempo o de sus facultades económicas al culto y decoro de los lugares santificados por San Andrés Avelino, ya sea en la sacrosanta casa o basílica de San Pablo el Mayor de Nápoles.

 

Que nos acompañe, a lo largo de todo este Año Santo, el recuerdo de la figura del Padre Andrés, el "Viejo", a quien aquella mañana del l0 de noviembre de 1608 se le caía a trozos la vida y no podía ya más. Le faltaban las fuerzas, pero él, terco y enamorado, se echó confiado en los brazos del Padre providente para esperar la resurrecci6n celebrando la santa Misa. ¡Qué bien! ¡Qué sacerdotal y teatino!

 

Feliz Año Santo de San Andrés Avelino para todos Ustedes.

 

Roma, Sant'Andrea della Valle,  7 de agosto de 2007, solemnidad de San Cayetano.

 

P. Valentín Arteaga, CR.

Prepósito General

 

 

07 ottobre 2007